El Promedio de la Cotidianidad

Win Win (2011)

Toda edad tiene sus decisiones. Todo hombre tiene momentos para las decisiones. ¿Qué pasa cuando dos puntos tan opuestos como la adolescencia y los cuarenta pasados se encuentran para tomar decisiones? Win Win (2011) es una historia sin moraleja, sin aspiraciones de pirotecnia visual, sin elaboradas retóricas en entramados sicológicos. Simplemente decisiones en el día a día, cómo se vive la angustia promedio de una vida promedio, con un presupuesto promedio y los problemas existenciales promedio. Resultado: una película por encima del promedio, tocando lo notable.

Este filme está en la línea de este cine indie que ha marcado los últimos años a la industria norteamericana: dramas sutiles, humor que recae en personajes o situaciones un poco bizarras y el sinsabor melancólico de una sociedad con profundas fracturas estructurales en familia, amistad y amor. Su director, Thomas McCarthy, nos presenta una historia que parte de personajes clichés y poco a poco los va desnudando, configurando a un estadio lejos del arquetipo con lo que logra consolidar personajes vívidos en conflictos cotidianos, quizás triviales. Una historia que pareciera no contar nada, pero cuando menos se espera, ha robado toda la atención y va taladrando con todo el drama.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Poco a poco esta línea de producción ha calado en el gusto del público, logrando sobresalir dentro los saturados circuitos de superhéroes y violencia sin sentido. Historias en otra tonalidad que rara vez llegan a nuestras pantallas y se convierten en las joyas de los festivales. Win Win recién comienza un camino pisando con aplomo, surge dentro de la monotonía de la cartelera americana y promete una experiencia superior al promedio. La vida y sus decisiones van tejiendo la urdimbre de un entramado en el que todos damos puntadas, acá sólo unas costuras que parecieran unir lo que todos vivimos en algún momento. 

Para todo espectador la cara de los filmes siempre serán los actores. Y con este precepto se da de todo: que una mala historia la rescate una buena actuación, que una buena historia la mate una mala actuación, que una mala historia y una mala actuación hagan una pesadilla o que una buena historia y una buena actuación creen magia inolvidable en la gran pantalla. De esta última son pocas las que uno logra apreciar, y en Win Win brilla la fantasía para contar una historia que juega entre la impotencia de la adolescencia y la incredulidad de la madurez, en manos de una joven promesa, Alex Shaffer, y un grande, Paul Giamatti. Esta es una muestra de cuando la actuación marca la diferencia, no es la historia o sus artilugios sensibleros para sacar lágrimas en el espectador y luego creer que fue la actuación la que nos exprimió. Acá hay actores, hay una dramatización interna que se refleja en la pantalla y logra robar risas o angustias, por encima del entramado de la narración es el drama del personaje. Sin artimañas, una historia limpia basada en actuaciones.

...brilla la fantasía para contar una historia que juega entre la impotencia de la adolescencia y la incredulidad de la madurez, en manos de una joven promesa...

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Photos by: THQ Insider's 

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