El poder en la ficción

Vice (2018)

Desde hace más de una década, hemos visto como entre líneas se cuelan películas que trabajan la idea de la teoría de la conspiración, tanto en argumental como en documental. Teorizando y cuestionando compromisos, comportamientos de grandes líderes y evidenciando esos puntos abiertos de la historia reciente. La última película del director Adam Mckay, Vice (2018), nos trae un personaje icónico en la historia reciente estadounidense, así como cuestionable en sus motivaciones y construcciones.

Biopic de Dick Cheney, político y hombre de negocios que llegó a ser vicepresidente del gobierno George Bush Jr. y responsable de la invasión a Irak. Una de las últimas invasiones más cuestionadas y que sus nefastos resultados aún se viven. La película deja ese sabor de señalamiento, de culpabilidad sin atisbo de remordimiento. Más allá de la posición política o moral en el tema, también queda la sensación de que hace falta ver la otra versión.

Adam Mckay como director ya tuvo otro título controversial, The Big Short (2015), explorando también con un biopic la burbuja inmobiliaria que vivió Estados Unidos en 2007, con repercusiones mundiales. A pesar de que su filmografía ha estado más cercana a la comedia, con estos dos últimos títulos ha mostrado un compromiso con la historia reciente de su país. Repitiendo con varios de los actores, consolida un estilo que es resaltado por las nominaciones a los Oscar.

A veces es más fácil para ellos premiar el dolor y la mirada crítica a los contextos de otros países, que los suyos propios.

Aunque es de entender que este tipo de filmes no le interese a la Academia premiarlo y darle mucho bombo. Decisiones de estado, manipulación de la información, manipulación de los medios y otro variado listado de realidades que pocas veces Hollywood destaca como realidad. A veces es más fácil para ellos premiar el dolor y la mirada crítica a los contextos de otros países, que los suyos propios.

Vice (2015) tiene un hilo narrativo ingenioso, pequeñas bromas para el espectador y un sórdido devenir de decisiones del personaje, que hacen que la película se disfrute. Una parte inicial quizás un poco lenta en la construcción del contexto y el personaje, se torna más vibrante y vertiginosa, que demanda conocer un poco de ese momento histórico, de nombres históricos claves y siempre la disposición de la duda.

Como toda ficción, es una interpretación del director, su sentir y lo que quiere decir, llevando incluso los hechos reales un poco más allá en función del drama. Lo que sí es claro es que el personaje de Dick Cheney se resalta porque ha estado muy tras bambalinas en esta reconstrucción de lo que han hecho los gobiernos estadounidenses. Porque películas como está quizás ayuden a entender qué está pasando hoy con la política de ese país. Porque personajes como este y los contextos que crean, se recrean una y otra vez en otras regiones

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