LA LUCHA DEL ESPÍRITU

The Wrestler (2008)

Infinitas son las fuerzas que lo arrastran a uno para ir a cine, para elegir ver una película. Para este caso fue la convergencia de tres elementos: interés por la mirada fresca de un director independiente americano, la resurrección artística de un ídolo desaparecido décadas atrás y la más visceral atracción por una fémina. Vamos por pasos.

 

Las Variables

El director Darren Aronofsky desde su primer filme había demostrado su capacidad de transmitir sensaciones, excesos y angustias de los personajes. Películas muy individuales como Pi (1998) en la que el blanco y negro se convierte en expresión de una manera poco ortodoxa y la cámara se convierte en el narrado prohibido de la naturalidad llevada a lo bizarro. Posterior llega una obra (Requiem for a Dream, 2000) que lo coloca en la corriente de festivales y su nombre se va consolidando. Pasa los siguientes años produciendo y escribiendo hasta el 2006, año en el que lanza The Fountain (2006) tal vez su película más bajo perfil a pesar de las estrellas con las cuales trabajó. Todo este camino ya había despertado el interés por esa capacidad como director de articular los elementos y favorecer un drama, un tono negruzco y melancólico de las historias. Había que ver The Wrestler.

Una lucha interna tan hermosa y vigorosa que contrasta con la decadencia y sordidez de una realidad en un deporte relegado por las élites.

Por otro lado esta película traía como actor principal un mito, una leyenda del cine que había muerto para este mundo del glamour, un nombre que evoca los sueños eróticos de chicas y anhelos masculinos adolescentes de todo lo que se quiere ser cuando grande: Mickey Rourke. Un nombre, una película Wild Orchid (1990): un seductor y excéntrico millonario con el poder y encanto de conquistar cualquier mujer. Luego la caótica vida de Rourke lo fue sumiendo en el anonimato, pasó de ser el galán promesa de final de milenio a un desconocido.

Tal vez uno de los últimos títulos para recordar sería Buffalo 66’ (1998). A pesar de seguir activo, era simplemente invisible, incluso cuando apareció en Sin City (2005) bajo un personaje que lo podía definir muy bien y un maquillaje que escondía los estragos de lujuria y desproporciones vividas en tantos años. Ahora estaba acá personificando al luchador, el atleta en decadencia por su edad y los estragos de los excesos. Qué mejor combinación, había que ver la película.

 

Finalmente, Marisa Tomei. No hay mucho que decir, una amplía carrera, apariciones contundentes en diferentes roles y una hermosa, hermosa mujer. Las divas y mujeres hermosas siempre han sido la vía para enganchar a hombres desprevenidos más allá de la película y si se mezcla con talento, la experiencia es inigualable. Un visceral elemento por el que había que ver la película.

 

La Combinación

The Wrestler (2008) terminó siendo la Cenicienta para el cine americano de ese año. Una película sin muchas pretensiones, bajo presupuesto que fue acaparando la atención de espectadores y críticos hasta llevarla a dos nominaciones de los Oscar. Nominaciones y premios de costa a costa, permitieron vivenciar uno de los fenómenos que pocas veces se hace tan evidente, pasar de la sombra a la luz, del bajo perfil al estrellato.

 

La historia de un luchador en la decadencia de su carrera y cuando los excesos de su vida pasan factura, encuentra en su soledad un insoportable estado que sólo puede llenar con la aclamación del público. No familia, no amor, no amigos. Una soledad que abruma aunque el espíritu luche.

 

Ver la transfiguración de M. Rourke, de ese galán de los 80’s a este acuerpado veterano de batallas quizás raye con el morbo. Pero ver el dolor del personaje, hace volar la imaginación y lleva a la pregunta: ¿hasta qué punto no es el dolor del actor? La autoridad con la que el director nos sumerge al ring interior entre el antes y el ahora, entre el querer y no poder, entre la nobleza y la humillación, entre la gloria y el olvido. Cuando la decadencia se hace plano.

 

La sencillez para retratar una historia de vida, la sensibilidad para enmarcar un momento de vida. Una lucha interna tan hermosa y vigorosa que contrasta con la decadencia y sordidez de una realidad en un deporte relegado por las élites. Un round tras otro, el personaje nos lleva en su búsqueda de amor, la búsqueda de la juventud perdida, la búsqueda de la eternidad en el reconocimiento del aplauso. Una película que sumerge al espectador en la batalla. Un filme que define a un director con la solidez para continuar su camino. Una obra que desnuda la batalla contra los miedos.

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Photos by: THQ Insider's 

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