Para qué...

The Girl with the Dragon Tattoo (2011)

La primera duda que surge es por qué hacer un remake (una nueva versión de una obra). Si la primera fue exitosa, con elementos narrativos y/o expresivos sobresalientes, ¿para qué intentar repetir una fórmula? Y peor aún, por qué el interés de los estadounidenses por crear versiones de películas exitosas europeas, en vez de promocionar las originales. Con el estreno de The Girl with the Dragon Tattoo queda demostrado la inutilidad de remakes a la medida, adaptaciones-copias de originales que no son superadas ni en lo visual, ni en lo narrativo y por el contrario con el toque americano que incluye lo que se supone le faltó: viciado e idílico romance.

Para quien no haya visto “Millenium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres” (2009), TGWDT resultará interesante e incluso con la idea de que es fuerte por su temática e imágenes. Para quien haya visto la película sueca original, que recién pasó por cartelera en 2010, resulta imposible no hacer comparaciones, no sufrir con la película al saber lo que va a pasar y sorprenderse con las deformidades anexadas a la historia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ambas producciones cuentan con un amplio cuaderno de nominaciones y premios, la diferencia es la trayectoria o trascendencia de los premios. La sueca fue un suceso en taquilla y el remake promete un buen camino en cifras. Muchos pueden ser los derroteros de comparación. Muchos son los ejemplos de esta fórmula de rencauche, uno de los más penosos tal vez sea Abre los ojos (1997) – Vanilla Sky (2001). Lo realmente lacrimoso es encontrar un público que se tambalea entre olvidar pronto o un analfabetismo audiovisual. Saber que más de 80 mil espectadores, una cifra decente, vieron la película hace más de un año y otros tantos la volverán a ver como si fuera algo refrescante, novedoso y merecedor de mucho reconocimiento. Este es el círculo vicioso de glorificar sin retrovisor, de la oportunidad que se escapa como espectadores de exigir material de calidad en concordancia con el valor de la boleta, de manifestarse activamente para no apoyar cualquier tipo de película con rótulo “Hollywood”. Una película que no aporta nada a lo ya visto, una oportunidad para que el espectador encuentre rutas a otras filmografías.

Este es el círculo vicioso de glorificar sin retrovisor, de la oportunidad que se escapa como espectadores de exigir material de calidad en concordancia con el valor de la boleta...

Basada en un best seller, el libro se transformó en un fenómeno cinematográfico en su momento por la contundencia, intriga y capacidad de emoción e indignación con la misma película. Ahora un par de años después, tenemos a un director de primera línea como David Fincher, reconocido por su exitosa trayectoria dando palos de ciego para mantenerse a flote. Con el trabajo sobrevalorado en Fight Club (1999), la interminable The Curious Case of Benjamin Button (2008) y la verborrea de The Social Network (2010), demuestra que es un director que toma buenas historias y las sabe contar, pero que su nivel de tensión narrativo e incluso creativo, no se ha visto con igual esplendor desde Seven (1995). Muchos años, muchas películas, muchos premios, poca innovación.

Twitter
  • Twitter Classic
  • Instagram
  • Facebook Classic
Twitter
Facebook
Instagram

© 2023 by GameStation. Proudly created with Wix.com
 

Photos by: THQ Insider's 

Facebook

YouTube