Una Fórmula para la Pelea

Real Steel (2011)

Un par de décadas atrás un boxeador italoamericano, de no muy buena dicción, se ganaba el corazón del público, se hacía llamar Rocky. Hoy, tantos años después, se repite la fórmula queriendo atrapar al público más joven. Real Steel (2011) se estrena en carteleras con una fuerte dosis de emoción y una tibia carga de amor, fraternidad y lazos.

 

El director Shawin Levy viene de un recorrido de películas en tono comedia como Pink Panther (2006), Night at the Museum I y II (2006, 2009). Un nombre que no dice mucho para los amantes de la acción y que se acerca con cierta duda a dejarse llevar por los efectos visuales y enfocarse más por el melodrama hijo-padre. Una película que muchos ya hemos visto, que entretiene y mejor aún, cautiva a los pequeños inocentes del legado de otros.

Padre que no conoce a su hijo. Hijo con un temperamento fuera de lo normal. Contexto futurista donde el boxeo ha quedado relegado a peleas de robots. Reencuentro de dos desconocidos y que los une la pasión por… ¿controlar robots para una pelea? La trama aunque no diga mucho, si logra conectar al espectador, por dos razones básicas que son reiterativas en este tipo de filme: uno favorecer al débil frente al prepotente poderoso; dos, favorecer al indefenso infante que se quedará sin hogar si no surge el amor con su padre.

 

Una estructura básica, que al mirar los créditos surgen nombres reconocidos por las fórmulas taquilleras, como Steven Spielberg o Robert Zemeckis. Creadores de inolvidables sagas, se reúnen alrededor de los efectos especiales para brindar una experiencia inigualable para todo niño que sueña con un juguete así, sin importar que a los once años se caiga en peleas ilegales, confrontaciones con apostadores y sobrepasar cualquier línea de explotación laboral con menores. Rocky (1976), Karate Kid (1984) o E.T. (1982) son recurrentes ejemplos de argumentos simples y alta dosis de sensibilidad, casi asegurando una lágrima para el espectador.

 

Sin un interés mayor, esta película logra combinar de manera adecuada lo mejor de los adelantos en efectos especiales, con las historias sensibles logrando envolver al espectador en la pantalla, un relato que cae por momentos en su coherencia, y deja ver a una de las estrellas contemporáneas que aun no logra dejar atrás a una memorable personificación de Wolverine, Hugh Jackman. Simple y entretenida. Tal vez no logre la trascendencia de otras películas, ni se convierta en la película del año, pero de vez en cuando los niños podrán volver a ella y disfrutar del sueño de jugar con un robot gigante. Y que se quede en eso, sueño. 

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Photos by: THQ Insider's 

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