Quebrando Inocencias

Pequeñas Voces (2011)

Una película que puede tener muchos enfoques. Una película difícil de definir. Una película impactante que inevitablemente lleva a la reflexión, sin mayores pretensiones más que contar una realidad que ha golpeado y sigue golpeando a Colombia. Pequeñas Voces (2011) del director Jairo Carrillo continúa un camino de contar nuestra historia con una mirada y mezcla narrativa con la que apura el paso en cuanto a ponernos a tono con los avances del mundo del cine digital y por sobre todo, actualizar el cuaderno de lo vivido y no contado.

Junto a sus películas colombianas predecesoras, este filme llega a cartelera para cautivar al espectador no desde la mirada lastimera, sino desde el asombro de redescubrir lo que pasa a nuestro alrededor y que durante tanto tiempo hemos querido no creer que pasa o simplemente nos levantamos y continuamos desde la ciega inconciencia que envuelve la rutina del saliradelantismo.

 

Una mezcla de narrativas entre argumental y documental, hace que esta película tenga una identidad propia. Cuatro historias, testimonios reales de niños, toda una propuesta de animación con los dibujos de las decenas de niños que participaron en la fase de investigación. Testigos de la decadencia a la que seguimos abonando sin mirar lo que se ha derribado. Una fina y delgada línea invisible que divide los géneros en los que es posible enmarcar Pequeñas Voces, permite conectarse con un pie en la fantasía de las imágenes y el otro pie en la cruda realidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un director en un proyecto de casi diez años, nos transmite el encanto de la niñez y la angustiosa manera en que se rompe la inocencia. Un punto de quiebre que se vive de diferentes maneras, dependiendo de la cultura, la sociedad, estratos, oportunidades… un sinfín de entramados para pasar de la niñez a la adultez; en nuestra historia reciente un alto porcentaje de nuestra población ha perdido la inocencia atravesando las líneas de fuego enemigo, sin entender quién es el enemigo. Una película que anula la voz de los adultos para sustentar la incapacidad que tenemos para explicar el absurdo de nuestra realidad.

 

El único pecado que vale la pena resaltar es su promoción. Hace ya varios títulos colombianos hemos visto el fenómeno de ver cómo las publicitan por cosas que no son. La “comedia” de Todos tus Muertos (2010), el thriller “En Coma” (2011), la otra “comedia” Locos (2011) y la exitosa película “infantil” Los Colores de la Montaña (2010); y ahora tenemos la fantástica primera película colombiana en 3D. Si bien este hecho es algo notable y que debe remarcarse, no es sino el componente tecnológico que ayuda y complementa una bella historia. No más. No es el suceso, no es la película infantil para engolosinar a los niños con las gafas, no es el salto tecnológico de nuestro cine. Si lo pusiéramos a la inversa, sería como promocionar Avatar (2009) como una historia de amor humano-alienígena y olvidarse que el 3D es la esencia del filme.

Una fina y delgada línea invisible que divide los géneros en los que es posible enmarcar Pequeñas Voces, permite conectarse con un pie en la fantasía de las imágenes y el otro pie en la cruda realidad.

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Photos by: THQ Insider's 

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