Mel Books

La Desmitificación del Humor

Publicado en Kinetoscopio, edición No. 120

Cuando se habla de “hombre orquesta” se trata de categorizar a esos individuos que son capaces de asumir varias funciones y se destacan precisamente por su capacidad de hacerlo bien. En la historia del cine siempre han surgido nombres que se destacaron por sus habilidades multifacéticas, como Gene Kelly, Orson Welles, John Cassavetes o Clint Eastwood, entre muchos otros. En la comedia estadounidense contemporánea está el nombre de Mel Brooks, un neoyorkino que desde muy joven fue recorriendo el mundo y conquistándolo con su risa a flor de piel, comentarios oportunos y agilidad mental para estar siempre en el lugar correcto.

La comedia como género de tradición siempre ha contado con grandes exponentes que saben leer el contexto, leer el momento adecuado para burlarse de lo políticamente incorrecto y sacudir las bases de una sociedad. Es precisamente en esa sincronización de tiempos donde la comedia de Mel Brooks podría enmarcarse como “blanca”, una acepción para una comedia directa, sin trasfondo e incluso un poco sosa. Sin embargo, el tiempo ha mostrado cómo sus películas pasan por lo picaresco, lo complejo, la sátira política y la desazón contemporánea del ser humano.

Brooks, que pasó por la milicia y enfrentó enemigos en el campo de batalla, desde pequeño entendió que la mejor manera de evadir los problemas era con el humor, y pronto supo que crear un stand-up cómico iba a permitir pulir la sintonía de la risa fácil vs. la compleja. Mister Brooks se hizo una carrera a pulso, con pequeñas incursiones con libretos para diversos programas, y desde finales de la década de los cincuenta se destacó por su capacidad para articular frases ingeniosas, personajes de verborrea incontrolable enfrentados a personajes silentes y gran expresividad corporal.

Toda la década de los años sesenta la pasó escribiendo para televisión; de esta etapa se destaca la participación en Superagente 86 (Get Smart, 1965-1970), una serie que en nuestro contexto marcó un referente de esa comedia con un personaje peculiar y diálogos perspicaces: el personaje que se lee inicialmente como tonto, pero que detrás tiene todo un ingenio y la sagacidad para resolver el absurdo de la situaciones. Esta fórmula la repetiría a lo largo de su carrera y se convertiría en sello personal. En esos años llegó su ópera prima con gran éxito cinematográfico, The Producers (1967), una comedia sobre el mundo del espectáculo que aprovecha los estereotipos y las exageraciones, lo que para el momento resultó una ventaja que sabría explotar muy bien.

Con una personalidad magnética, la carrera de Mel Brooks como guionista fue virando para concentrarse hacia la dirección, la producción y la actuación. Sus proyectos fueron tomando más relevancia en su tiempo y alejarse de la televisión permitió ampliar sus objetivos. Blazing Saddles (1974) sería otra de sus primeras películas que generó controversia por su particular manera de confrontar una sociedad como la estadounidense. Anclada en el viejo Oeste, con un héroe negro y sketches musicales, hace burla del racismo, del sentido fundacional de Estados Unidos, del glamour y las buenas costumbres. Sin llegar a ser una comedia ácida, es bastante penetrante.

Desmitificar el mito pareciera ser una de sus consignas. Mitos de la literatura como Frankestein, Drácula o Robin Hood quedarían caricaturizados en películas como Young Frankestein (1974), donde dar vida es lo menos truculento de la historia; Robin Hood: Men in Thigts (1993), que aprovecha la superficialidad de las figuras del momento y donde las causas profundas ya están perdidas ante la belleza externa; y Dracula: Dead and Loving it (1995), con la que se despediría de la dirección para concentrarse en la producción, actuación y escritura.

En otras de sus películas también los mitos cinematográficos se transfiguran, en filmes como Silent Movie (1976), que se burla de la comedia muda, de las exageraciones, de la importancia y lo desdeñable del diálogo; High Anxiety (1977), la retorcida visión de Alfred Hitchcock y su obsesión por crear suspenso; y Spaceballs (1987), donde la tragedia griega en el futuro de las guerras espaciales (Star Wars) fue de manera genial llevada a la burla disparatada, sin reparos al cuestionar esos nuevos íconos de la cultura pop.

Finalmente está el hombre como mito de la creación. Aquí cabe destacar creaciones como History of the World: Part I (1981), una película pensada para ironizar los grandes momentos de la historia de la humanidad, con un título sugerente que lo obligó durante años a que tener que responder en cada entrevista que no había una parte dos, que solo fue solo un gancho para atrapar creyentes; y Life Stinks (1991), quizás el punto más bajo de sus producciones, pero que aun así es consistente con su mirada crítica a la sociedad del momento, el ahogo de la estandarización y el sin salida del capitalismo en la gran urbe.

El American Film Institute, en 2013, le otorgó el premio a los logros de toda una vida. Como toda ceremonia para estos casos, estuvo plagada de referentes, historias, personas con las que construyó íconos y emotivas palabras. Sin embargo, una de las presentaciones que más sorprendió fue la del director David Lynch y su recuento de cómo lo conoció y cómo Brooks se convertiría en el productor que le daría la oportunidad para ingresar al esquivo mundo de Hollywood con propuestas como Eraserhead (1977). Detrás de su comedia y estilo tan particular, Mel Brooks desarrolló una carrera como productor independiente, con una mirada amplia y novedosa que permitió que directores como Lynch o Cronenberg tuvieran su oportunidad.

Quizás el doble sentido y la astucia que requiere el humor latino no compagina inicialmente con la propuesta evidente y simple de hacer reír que tienen los anglosajones. Bajo una mirada rápida, Mel Brooks se podría ubicar como un exponente más de ese humor soso, pero sería quedarse muy corto: Era un creador de humor incansable, extrovertido y al que le gustaba saturar imágenes con ideas. Una comedia para muchos públicos, pero sobre todo para momentos, para saborear la complicidad entre imagen e identidad del espectador.

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Photos by: THQ Insider's 

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