Retomando la Piel

La Piel que Habito (2011)

“Aplico el teorema de Almodóvar,

basta mirar el tiempo suficiente,

 para transformar el horror en belleza”

Antoni Casas Ros, El teorema de Almodóvar, (ed. Seix Barral)

 

Hablar de consagraciones en el cine es más un mito. Creer que un director ha dado todo, una falacia. Tratar de identificar los elementos de un autor en la obra, un reto.  Encontrar reinvenciones, un bálsamo visual. Allí está Pedro Almodóvar con el estreno de este año: La Piel que Habito. Luego de películas de madurez, con diálogos y personajes que reflejan la mirada intimista, regresa con una obra visceral, mórbida, entre lo fantástico y lo absurdo, simplemente Almodóvar.

Un estreno esperado que se paseó por festivales europeos, maravillando e indignando la crítica del mundo. El impacto radica básicamente en la capacidad de ver un director encontrarse a sí mismo en la pantalla. Por un lado que se hayan renovado los votos de lo que comenzó como un prometedor matrimonio profesional, luego se divorciaron unos buenos años, y ahora el reencuentro entre Almodóvar y Antonio Banderas. Almodóvar más maduro, claro, visualmente sutil. Banderas ya no tan galán, menos arriesgado, más acartonado dejando ver el lado oscuro del humano. Un reencuentro interesante pero que recuerda lo lejos que están los personajes con la fuerza y lujuria de Matador (1986) y Átame (1990).

 

 

 

 

 

 

 

Sin embargo, las vibraciones y excitaciones vienen de volver a encontrar una historia despojada de morales, sin pretensiones intelectuales y dejando atrás las intrínsecas reflexiones envueltas en solipsismo como Todo sobre mi madre (1999), La Mala Educación (2004) o Los Abrazos Rotos (2009). Acá hay piel, sin atenuantes, de la que se recorre por los poros entre la locura del perdón y la venganza con amor. Una mezcla tan poco ortodoxa que sólo el talento de Almodóvar podría darle coherencia, equilibrio y no caer en los vacíos comunes. Sin enunciar o respetar un género en particular, La Piel que Habito juega con símbolos de verdades ocultas detrás de máscaras para convertirse en un erótico encuentro con la perversión.

...una apuesta acertada en la que el director mezcla belleza, vulgaridad, ternura, fragilidad y perversión.

Pero por otro lado la delicia del sumar otra chica Almodóvar, otro angelical rostro que esconde las perversiones de un director. Elena Anaya no tiene muchos problemas de inhibición, ya puesta a prueba por el mismo Almodóvar, por Julio Médem o Jon Kasdan; nos deja ver piel, descarnada transfiguración de un cuerpo que esconde la complejidad del mundo absurdo del deseo. Nuevamente una apuesta acertada en la que el director mezcla belleza, vulgaridad, ternura, fragilidad y perversión.

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Photos by: THQ Insider's 

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