Breaking Bad

La intimidad de las decisiones

Publicado en Kinetoscopio, edición No. 106

“Es lo bonito de hacer una serie de televisión que, como en este caso, dispone de trece horas por temporada para contar su historia. Nosotros básicamente consideramos cada temporada como una gran historia, y a continuación distribuimos los episodios de esa historia lo mejor que podemos”.

–Vince Gilligan

 


El cowboy de sombrero, espuelas, arma al cinto y un aspecto rudo se convirtió para generaciones en el ícono del defensor de los valores en un medio hostil, donde la piedad no es una opción. Ese ícono fue evolucionando y comenzamos a ver buenos no tan altruistas y malos con fines loables. Hoy en el cine la línea entre bueno y malo es delgada y el público, ávido de nuevas sensaciones, demanda esas historias que comprometen la moral de la naturaleza humana. Al darse cuenta de esto, la televisión lo ha explotado a profundidad, creando series de gran densidad sicológica y constante evolución de personajes cuestionables y altas empatías... igualmente cuestionables. En 2008 llegó a la televisión una serie que de menos a más, se convirtió en un nuevo referente del héroe contemporáneo, sus luchas y la reconstrucción de una moral en tiempos salvajes en la urbe: Breaking Bad.

El creador de la propuesta fue Vince Gilligan, un guionista recordado por el aporte y profunda dimensión que le dio a la serie de los noventa Los expedientes-X, en la que conoció al actor Bryan Cranston haciendo un papel secundario en algún capítulo de la sexta temporada y vio el chispazo que estaría buscando años después. Gilligan es un guionista al que le gusta retorcer las historias y profundizar la psicología de los personajes a partir de llevarlos a los extremos, a puntos de decisión en la que el sacrificio es inminente. Es un paradigma que ha mantenido en los diferentes trabajos y llevó a máxima expresión con el personaje de Walter White.

 

Desde su discreto estreno en el canal AMC, y después de haber sido rechazada en otros grandes canales de más tradición en series, Breaking Bad se catapultó a la adicción televisiva. Una corta primera temporada de siete capítulos dejó boquiabiertos a propios de la industria y a ajenos espectadores promedio, logrando una demanda insospechada para las siguientes temporadas. A la vez que rompía récords de audiencia año tras año, logró sumar más de 60 premios y más de 100 nominaciones. Ante esta avalancha, la búsqueda de la fórmula mágica o el secreto escondido en Gilligan lleva a una constante especulación sobre el hechizo de conectar emociones en el espectador: en la serie vemos a un hombre de mediana edad, con pocas posibilidades de lograr algo importante en la vida y un rutinario matrimonio con un embarazo tardío, que descubre que tiene un cáncer agresivo; a partir de ahí, decide tomar las riendas sobre lo que quiere hacer y dejar en lo poco que le queda de vida. Es un argumento sencillo y visto en el cine desde diferentes ópticas, entonces, ¿por qué esta vez resulta tan impactante?: el espectador toma decisiones a la par que el personaje.

 

Una mezcla entre la angustia del deber ser y la oportunidad de romper paradigmas. Allí lleva esta serie sus decisiones. Un hombre que entra en conflictos de vida y coquetea con los bordes de lo ilícito como opción de supervivencia. Walter White es el docente de secundaria que decide dedicarse a la producción de metanfetaminas para saciar sus confrontaciones. Ahí ya la cosa se complica, se vuelve cuestionable y atrapa la moral del televidente, lo que deja ese buen sabor de lo cinematográfico, de involucrarse con la historia y de llevarla a lo íntimo del espectador.

 

Esta nueva discusión entre el cine y la televisión, y las fronteras que se están rompiendo con esta nueva manera de expresar, demanda una mirada más profunda más allá de los logros del entretenimiento. En Breaking Bad los conceptos desarrollados a lo largo de las temporadas permiten identificar elementos como la frontera o línea divisoria de territorios (físicos y sicológicos); el macho protector de la familia; lo ilícito como válido para la consecución de objetivos; la muerte, como un cotidiano con el que se puede lidiar; una doble moral para el debido comportamiento social escondiendo las verdaderas razones y acciones; y por supuesto, la evolución del pensamiento del personaje en su viaje interno hacia su inevitable desenlace. Tal contexto permite una articulación con una mirada desde el western como gran género americano. Hay una alusión a esos estereotipos y una obra en la que es imposible escapar de maneras diferentes, por muchos artilugios que se presentaran: la senda construida sólo lleva hacia un punto certero.

 

El árido desierto que rodea Albuquerque es el escenario. El cuñado de la DEA, la comprometida esposa, el calculador antagonista y por supuesto el escudero fiel… Uno a uno, acompañantes, víctimas y victimarios del protagonista: con cada uno vive la dualidad, la cara con la que se relaciona y poco a poco deja entrever sus verdaderas intenciones; con cada uno manipula y juega su partida de ajedrez; con cada uno gana y pierde confianza; con cada uno el espectador saborea la traición y la recompensa.

 

Pero quizás el centro de la adicción televisiva con Breaking Bad es la complejidad de una mente expuesta a tomar decisiones, donde más que un discurso moral, el personaje de Walter White cae en el pragmatismo de una realidad contundente y se aventura a liberarse de ataduras sociales, lastres éticos y una reinvención de la norma bajo sus lentes. Un personaje en caos que presiona cada situación con cada personaje y sorprende no solo por el ingenio con el que resuelve las encrucijadas, sino por la crudeza de las decisiones, el egoísmo y los resultados que van arrasando cada entorno.

 

Breaking Bad marcó un hito en la televisión no solo por sus niveles de sintonía, o por la polémica que se pudo desatar alrededor de la moral y el deber ser en una realidad, ni por el desenfrenado merchandising que desbordó tiendas de todo tipo. Breaking Bad marca la diferencia por la capacidad de envolver al espectador, la angustia de decidir por y con el personaje, porque desarrolla una puesta en escena que deja capítulos que, como clases cinematográficas, dejan entrever la nueva tendencia de profundizar personajes para llevarlos a puntos insospechados. Diálogos y actuaciones indelebles en la memoria de los espectadores, son la carta de presentación de una serie que al paso de las temporadas deja un profundo rastro de emoción, difícil de igualar. Una serie de un cowboy contemporáneo quebrantando no las leyes sociales, sino la naturaleza humana.

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