Mucho que ver poco que contar

Colombia Magia Salvaje

Una película que ha generado tanta taquilla y tan diversas voces, a favor y en contra, no puede pasar desapercibida del panorama. Para bien o para mal, se habla de esta producción nacional y pone como referente de nuevo el documental como opción de narrar historias. Sin embargo, hay que saber enfocar la discusión, desde dónde se plantea y quizás perfilar mejor las opiniones tan mezcladas que ha generado. Aunque en ninguna de ellas esta película se salva.

 

El primer enfoque puede ser el carácter medio ambiental y su intención de concientizar a los espectadores, o quizás maravillar con lo majestuoso de la naturaleza. La duda es porque no es claro el mensaje. Una empalagosa narración que solo recae en todos los sinónimos posibles de grandeza y comparativos inacabados que no llevan a ningún lado, es la dosis de conciencia. Se parece más a las clases en primaria de ciencias naturales, donde se refuerza la importancia del bosque y el agua, así no se explique ninguna manera real de hacerlo.

Lugares comunes de conciencia, incluso con un tinte tan positivo que pareciera que todo está de maravilla, ya que la cruda realidad es un pequeño mix de imágenes de tres minutos que no amplía ninguna temática o afectación sobre ecosistemas.

 

Y el otro gran enfoque desde lo cinematográfico. No porque se exhiba en una sala de cine, hablamos de que sea un documental cinematográfico. Y ese es un problema, porque nos lo quieren vender como tal y ahí es donde se han alzado muchas voces, porque de esa fina diferencia se desprenden muchos, pero muchos problemas. Por un lado es un trabajo que de verdad no muestra nada nuevo, para los que crecieron con Naturalia o Yuruparí esto ya se vio. Nada más unos cuatro meses antes de su lanzamiento en salas, el canal NatGeo sacó un especial “Colombia Wild” con mucha mejor narrativa y explorando varios de los lugares que se ven en la película. Si queda claro es la falta de referentes audiovisuales en el tema y lo poco que se ha difundido los trabajos previos desde miradas etnográficas y de denuncia. Y esa falta de referentes es tanto para los espectadores como para el director, pues su pobreza narrativa recuerda los programas de televisión regional de los 90’s, como el programa La Vida, que producía Comfama y era el mismo planteamiento: imagen de pájaro, voz en off “ahí va el vuelo del pájaro”; imagen de pez, voz en off “el nadar incesante del pez”.

 

Porque todo documental debe tener su cuota de pasión, de punto de vista y visión. Acá hay un regodeo técnico y construcción visual impactante, pero un desorden narrativo, pobreza de discurso y lugares comunes que dejan un muy mal sabor. Más preguntas que dudas. Afirmaciones como “uno de los monos más extraños del mundo…” y sin explicación del por qué; “hay un proyecto de un corredor…” para salvaguardar el hábitat del jaguar, pero nunca se explica cuál proyecto. Una pobre infografía sobre el mapa de Colombia que no ubica muchos de los lugares a los que se hace referencia. Y la que rebosa el vacío de compromiso ante el cuidado de especies como el cocodrilo: “Esperemos que los cazadores se hayan ido…” Textos a medio camino entre los datos científicos y poesía narrativa, y que no logra ninguno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ahora, esa no es la senda. El gran auspiciador del proyecto es una empresa que no tiene nada que ver con el mundo del cine y que si de verdad fuera su voluntad, hace rato sería una productora seria con buen capital. ¿Una intención de aporte a la conciencia del medio ambiente? Quizás pues es una gran cadena distribuidora de todo tipo de desechos plásticos. Independiente de su motivación, mostró un camino interesante de pensar el cine como producto a vender con alta aceptación. Lo que es un sinsabor es que hay altas probabilidades de que no se repita el fenómeno para otras películas que merecen igual trato, como La Tierra y la Sombra, con un verdadero mensaje ecológico y una trama potente que merece ser vista, y no lo ha sido porque no tiene esa infraestructura detrás para seducir a ese público desprevenido. Colombia Magia Salvaje es un buen producto televisivo que ayuda a deformar la idea de documental y abona el camino para alejar al público de las construcciones expresivas que debe hacer el cine nacional.

Pero no todo es negativo para Colombia Magía Salvaje. Lo que ya es obvio y común en los comentarios de los espectadores: una imagen pulcra, bien cuidada, con tecnología de punta que da ángulos bellos de territorios, de vida salvaje. Lo imponente de la naturaleza transmitido en imágenes que resaltan colores y detalle. Una postal muy bella de la naturaleza criolla. Y lo más importante como industria cinematográfica, es que demostró que si nuestro cine funciona como industria se logran consolidar procesos. En este momento, después de algo más de diez años del boom del cine colombiano, uno de los cuellos de botella es que las producciones llegan sin “músculo financiero” para hacer una adecuada promoción de las películas. Razón por la cual terminan siendo películas anónimas, que pasan desapercibidas por cartelera. Hollywood lo ha demostrado durante décadas, no importa el producto como tal, sino la estrategia de venta, que si con una sobredosis de trailers unos meses antes, un buen bombardeo de medios hablando de la película y posicionando uno que otro concepto, al público se le genera el interés por ver. Que un documental sea a la fecha la película colombiana más vista del año, es un logro y hay que leerlo como un acierto de mercadeo. Eso es pensar en industria cinematográfica.

El Abrazo de la Serpiente:

104.482 espectadores

 

La Tierra y la Sombra:

53.314 espectadores

 

Colombia Magia Salvaje:

297.941 espectadores

 

A 30 de sept 2015    

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