Reptando la Angustia

Black Snake Moan (2006)

Extrañas mezclas que brillan en la pantalla. Dolores que se funden para buscar consuelo. Música catalizadora de pesares. Cuando esa voz en el interior se acerca con todos las afrentas, escandalizando los miedos más profundos se acerca el lamento de la serpiente negra. Los fantasmas que recorren la memoria para impedir un presente, esa es la trama de Black Snake Moan del director Craig Brewer. Un filme que intenta asociar la insondable tristeza del blues con la convulsionada vida de dos personajes en polos opuestos del camino, una adolescente y un hombre maduro, una jugadora sexual al extremo y un ex músico granjero abandonado por la esposa. Dos historias, un temor. Un miedo, una salida.

 

Una historia que parte de los miedos internos de los personajes que se vuelven comportamientos, iras descontroladas que atentan contra la integridad propia hasta convertirse en sí mismos unos demonios. Para encarnar estos dramas dos actores con una trayectoria sólida que permitió explorar esas vilezas.

Por un lado el maduro Samuel L. Jackson, actor de mil encarnaciones que como pocos trabaja su voz para enfatizar su raza, para hablar con corazones de personajes de ira. Una actuación que de menos a más, va construyendo el hombre afable de granja que devela su pasado del exceso, su fracaso matrimonial, su dolor de vida. Por el otro lado está Christina Ricci, una joven con una amplia trayectoria en televisión y cine, desde muy temprana edad se ha caracterizado por encarnar papeles con un toque de bizarros. Acá su desinhibido rol marca la diferencia, sin caer en el exhibicionismo o en el mórbido desnudo para la taquilla, absorbe la crueldad de un trauma sin sanar.

 

En la batuta está un director poco conocido que hasta ahora está buscando una identidad en el glamour de Hollywood. Con trabajos discretos, pero interesantes, dejó esta obra de dolores y dramas profundos. Una película que destaca por una banda sonora impecable, tratando de entender el dolor del blues, de un ritmo por naturaleza melancólico, atado a historias donde se comenta que en el sur todo es más ardiente. Una muestra de la adolescencia que se pierde hoy en los excesos y la angustiante soledad en la madurez que llega para mortificar los cimientos. La presencia de un amor a Dios como guía espiritual ante la desolación y el desvarío de la mente. El blues una y otra vez como abono espiritual de almas sensibles y turbadas que buscan la paz. La música como única revelación de la voz tormentosa en noches de angustia.

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Photos by: THQ Insider's 

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