Constante Evolución

Julieta (2016)

Antes que pensar en el título, en las actrices o la historia, para cualquier cinéfilo desprevenido el solo hecho de tener una película de Pedro Almodóvar al frente ya es una intensa mezcla de curiosidad, anhelo y media sonrisa que se esboza. Y así es el resultado de su última producción, una confusa mezcla entre bondades y tropiezos que no terminan de cuajar para la película.

La historia de Julieta va y viene entre el pasado y el presente, reconstruyendo decisiones de vida y caídas de las que no se recupera. A través de un trasnochado recurso como la escritura de un diario, Almodóvar nos entretiene con las cotidianidades de un joven amor y el desenfreno de tristes decisiones aun incomprensibles para el espectador. Hay que esperar mucho para entender qué le sucede a Julieta.

Julieta (2016)

Y es quizás el mayor pecado del film. Mucho tiempo para desarrollar la historia y secretos que no son tan misteriosos. Pero Almodóvar es un sello, y es el contrapeso que hace que la historia no se caiga para terminar involucrado con la pérdida, las decisiones y el temor a caer en un mal tan de moda como la depresión. El buen gusto por las actrices que siempre lo han caracterizado, se deja ver con el par de Julietas: la joven interpretada por Adriana Ugarte y la mayor interpretada por Ema Suarez. Belleza, talento y desconcierto en las miradas.

La simpleza de construir una historia, olvidándose de las posturas rimbombantes de antaño, hace una narrativa más limpia y directa, una mirada al dolor de la pérdida, las culpas y las consecuencias de cargarlas. Ema Suarez conquistó al público hace un par de décadas con su mirada y sonrisa inocentes, hoy lo hace con la madurez y el agobio en sus actos. Pequeños detalles como una hija ayudando a su madre a salir de la bañera porque la adulta responsable no puede con su vida, son esbozos que quienes han caído en la depresión entienden el desasosiego que allí se involucra. Y quienes no conocen, igual se estremecen ante el absurdo del cuadro.

Un filme que suma a una filmografía amplia y diversa, no estática ni redundante en temas. Un Almodóvar que sigue explorando en estética y expresión, que no se caza con algún género y sigue cumpliendo con su público. Es claro que atrás quedaron los excesos y el “destape” para evolucionar a la raíz de las emociones. Con altibajos y mucha presión por la crítica, quizás estamos viendo al director más puro, maduro y concienzudo. Julieta es el buen sabor de la tragedia bien contada.

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