El Aprendizaje Real

Higher Learning (1995)

Cuánto tiempo ha pasado y aun los rastros de exclusión, racismo y xenofobia están presentes en las nuevas generaciones. Mucho se habla de la globalización y cómo las dinámicas sociales han cambiado, pero pareciera que las percepciones arcaicas más nocivas aún estuvieran arraigadas en el ADN cultural, por lo menos en Estados Unidos. Higher Learning nos muestra un micro cosmos que resulta espejo de toda una sociedad, una reflexión tan profunda como diversa en su mirada.

En el cine pocas veces podemos apreciar una obra coral, varios personajes que entretejen sus historias, en este caso dentro de un campus universitario. La chica blanca en búsqueda de identidad sexual, el chico blanco inocente que termina alienado por las voces de la extrema derecha y el chico afroamericano irreverente y con su cuota de dolor y aires de víctima. Con cada uno de ellos vemos las posiciones, las ideologías tradicionales que han marcado generaciones y que, en vez de haber evolucionado, solo siguen dejando rabias, odios y enfrentamientos.

Higher Learning (1995)

John Singleton es el director, que con su opera prima Boyz in the Hood (1991), ya había marcado su interés y estilo por hablar de la opresión que hay sobre los afroamericanos y la doble moral de la sociedad estadounidense para realmente tomar posiciones y acciones diferentes. Lo potente de Higher Learning es que a diferencia de muchos otros filmes que hablan de una comunidad afroamericana víctima, en este filme vemos los diversos puntos y como el racismo es solo una posición mental que cada uno asume. Es tan racista el neonazi como el atleta de color, tan ambigua la chica que está escogiendo pareja como el violador que se está preparando en la universidad a punta de fiestas.

Una obra con una adrenalina intensa sin llegar a decir que es acción. Una música fusionada en diversos ritmos, que no solo acompaña el drama, sino que lo pone en su siguiente nivel. Actores muy jóvenes entregando mucho y un punto central de balanza en manos del actor Laurence Fishburne, quien va dejando las semillas de las reflexiones penetrantes. Un plano final escalofriante, la bandera estadounidense y una palabra que se sobre impone: “unlearn” (desaprender), un mensaje directo de todo lo que hay que olvidar para llevar con orgullo los valores que implica la bandera a rayas y estrellas. Un mensaje para ese país, pero que trasciende a todos aquellos rincones donde se viva aún con estos odios.

Peleas entre neonazis y afroamericanos, rivalidad con los judíos, miedos del despertar sexual, inconformidad con un sistema capitalista; todos parecieran tener la solución, pero la única acción es la violencia empujada por una ira. Una furia heredada que nos muestra un país que pareciera no ha aprendido nada de su historia, que no ha evolucionado cultural o socialmente y que se siguen acumulando sangre por cuenta de la terquedad de una sola visión de mundo.

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