Mucho que ver poco que contar

Colombia Magia Salvaje (2015)

Una película que ha generado tanta taquilla y tan diversas voces, a favor y en contra, no puede pasar desapercibida del panorama. Para bien o para mal, se habla de esta producción nacional y pone como referente de nuevo el documental como opción de narrar historias. Sin embargo, hay que saber enfocar la discusión, desde dónde se plantea y quizás perfilar mejor las opiniones tan mezcladas que ha generado. Aunque en ninguna de ellas esta película se salva.

El primer enfoque puede ser el carácter medio ambiental y su intención de concientizar a los espectadores, o quizás maravillar con lo majestuoso de la naturaleza. La duda es porque no es claro el mensaje. Una empalagosa narración que solo recae en todos los sinónimos posibles de grandeza y comparativos inacabados que no llevan a ningún lado, es la dosis de conciencia. Se parece más a las clases de primaria de ciencias naturales, donde se refuerza la importancia del bosque y el agua, así no se explique ninguna manera real de hacerlo.

Colombia Magia Salvaje (2015)

Lugares comunes de conciencia, incluso con un tinte tan positivo que pareciera que todo está de maravilla, ya que la cruda realidad es un pequeño mix de imágenes de tres minutos que no amplía ninguna temática o afectación sobre ecosistemas.

Y el otro gran enfoque desde lo cinematográfico. No porque se exhiba en una sala de cine, hablamos de que sea un documental cinematográfico. Y ese es un problema, porque nos lo quieren vender como tal y ahí es donde se han alzado muchas voces, porque de esa fina diferencia se desprenden muchos, pero muchos enfoques. Por un lado es un trabajo que de verdad no muestra nada nuevo, para los que crecieron con Naturalia o Yuruparí esto ya se vio. Nada más unos cuatro meses antes de su lanzamiento en salas, el canal NatGeo sacó un especial “Colombia Wild” con mucha mejor narrativa y explorando varios de los lugares que se ven en la película. Si queda claro es la falta de referentes audiovisuales en el tema y lo poco que se ha difundido los trabajos previos desde miradas etnográficas y de denuncia. Y esa falta de referentes es tanto para los espectadores como para el director, pues su pobreza narrativa recuerda los programas de televisión regional de los 90’s, como el programa La Vida, que producía Comfama y era el mismo planteamiento: imagen de pájaro, voz en off “ahí va el vuelo del pájaro”; imagen de pez, voz en off “el nadar incesante del pez”.

Porque todo documental debe tener su cuota de pasión, de punto de vista y visión. Acá hay un regodeo técnico y construcción visual impactante, pero un desorden narrativo, pobreza de discurso y lugares comunes que dejan un muy mal sabor. Más preguntas que dudas. Afirmaciones como “uno de los monos más extraños del mundo…” y sin explicación del por qué; “hay un proyecto de un corredor…” para salvaguardar el hábitat del jaguar, pero nunca se explica cuál proyecto. Una infografía pobre sobre el mapa de Colombia que no ubica muchos de los lugares a los que se hace referencia. Y mi preferido fue la dosis de compromiso ante el cuidado de especies como el cocodrilo: “Esperemos que los cazadores se hayan ido…” Textos a medio camino entre los datos científicos o estadísticos y poesía narrativa.

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