Violencia Contenida

A Most Violent Year (2014)

Como espectadores tenemos el prejuicio que cuando nos hablan de acción o violencia, imaginamos películas cargadas de tiroteos, explosiones, persecuciones y un despliegue técnico para drenar adrenalina. Pero cuando la violencia es interna del personaje y los matices de acción están dados por sutiles miradas o contención en el rostro, desconcierta al punto de dejarte perplejo frente a la pantalla. ¿Qué estoy viendo? ¿No pasa nada en la película? ¿Qué quiere este personaje? Pueden ser algunas preguntas que salten en primera medida, pero esto no condiciona que la película sea mala.

La tercera película de J. C. Chandor, A Most Violent Year, está en el marco de una violencia contenida, pero que atrapa y desborda en tenues acciones que son avalanchas de emociones. El dato fuera de la película es que 1981 fue uno de los más violentos en la historia reciente de Estados Unidos, año en el que se ambienta la película. Un hombre que tiene su empresa y debe luchar contra la corrupción y la competencia desleal, tomando la mejor decisión posible y no necesariamente la más práctica.

A Most Violent Year (2014)

El actor principal Oscar Isaac interpreta a este hombre de constante reflexión moral. Querer tomar el camino del bien y estar en un contexto donde todo pareciera que el único camino posible es el chueco. Entre el bien y el mal, este hombre se debate entre proteger a su familia, sus empleados, su empresa o generar golpizas, sobornos e incluso muerte. Una actuación brillante porque dentro de su fachada del glamour del que viene de abajo y ahora puede costear una costosa gabardina, están los ojos de la duda, la rabia, la esperanza y la derrota. Acompañado por otra brillante actuación, la de Jessica Chastain, como esa mujer que sin importar el dinero que tiene, no logra dejar atrás su pasado y subir de estatus.

Son quienes se enfrentan a las vilezas del mundo y las de ellos. Una trama de constante tensión que está por estallar, pero no pasa. Nos llevan al punto máximo donde solo se puede golpear en la cara a la amada, dispararse un arma o vengarse sin remordimientos; y aun ahí el director nos deja en el vilo de la decisión. La sordidez de la calle, la particular fotografía de película ochentera, que basta ver algún filme de Sidney Lumet para entender el ambiente, la soledad, el color, la mugre y la aflicción de quienes habitan.

Una sola secuencia de pura acción, una persecución a oscuras que hace prever lo peor y de la que salimos extenuados. Simplemente una dirección que juega con las emociones del espectador, desde el título hasta el último minuto. Un director que se arriesga a contar fuera de los esquemas de espectacularidad hollywoodense, y si en una ruleta de desconciertos para mostrarnos toques de realidad.

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